
Kashmir Hill es una de las periodistas tecnológicas más respetadas del New York Times. Cubre privacidad, vigilancia y abuso algorítmico desde hace años. Hace unos días recibió un mensaje de un conocido que la descolocó: “¿Tienes tu propia biografía?” Resulta que alguien, sin pedirle permiso, usó inteligencia artificial para escribir un libro sobre ella y lo puso a la venta en Amazon. Ni la foto de la portada era real — una foto de ella, pero generada por máquina, envejecida, con un aire a retrato oficial de un cargo público que ella nunca ha ocupado.
Lo publicó el 16 de julio y la historia, como era esperable, voló. Pero lo más interesante no es el caso puntual de Hill. Es el ecosistema que lo hace posible. En la misma investigación aparecen otros periodistas con el mismo problema, y de fondo aparece un personaje que se ha transformado en símbolo de todo esto: Bill Johns, un jubilado estadounidense de 70 años que en su perfil de autor de Amazon asegura tener 445 libros publicados. Todos con IA. Todos con su retrato generado — él,siempre con traje oscuro,peinado prolijo,pose de escritor serio. Un retrato que tampoco es él.
Por qué este caso me parece distinto a los anteriores
Ya hemos hablado aquí del AI slop: contenido basura generado a escala,optimizado para rankear,hecho para que alguien cliquee o compre. Pero el caso de las biografías inventadas tiene una capa extra que me molesta más. No es contenido genérico. Son personas reales, con nombres reales, con carreras reales, a las que alguien les fabricó una vida paralela impresa y la puso a la venta en la vitrina más grande del mundo. No hay forma de comprar en Amazon sin que el algoritmo te lo sugiera en algún momento.
Si eres periodista,abogado,médico o simplemente alguien con nombre y apellido Googleable, ya estás expuesto. Hoy es un libro falso sobre ti. Mañana puede ser un testimonio falso en un juicio, una recomendación fabricada en LinkedIn, una reseña inventada en un marketplace. La barrera de entrada para producir defamation as a service se está yendo a cero.
El negocio que nadie quiere mirar
El jubilado de los 445 libros no es un villano de película. Es la consecuencia lógica de un sistema donde Amazon cobra comisión por venta,no por veracidad. Mientras el modelo de negocio premie el volumen y no la trazabilidad, el slop se va a multiplicar. Amazon tiene los datos para detectarlo — un autor que publica un libro diario, sin ISBN, con la misma plantilla de portada, con descripciones genéricas — y aun así permite que la página exista.
Esto no se arregla con un disclaimer en la página de resultados. Se arregla con verificación de identidad real para vender bajo un nombre, con auditorías algorítmicas a las nuevas publicaciones, y con responsabilidad legal clara para las plataformas que monetizan el contenido generado. Ninguna de esas tres cosas se está discutiendo en serio, y eso me preocupa.
Lo que haría si hoy te pasa a ti
Si descubres un libro sobre ti en Amazon que no escribiste, el camino que está usando Hill es razonable: reporte DMCA por uso no autorizado de nombre e imagen, queja al equipo de confianza de Amazon, y,si la plataforma no responde en un plazo razonable, presión mediática. En Chile te sumas las herramientas de la Ley 19.628 sobre datos personales y eventualmente la acción de indemnización por daño moral si el contenido afecta tu pega o tu reputación.
Lo que no funciona es esperar que la IA “se autorregule” o que el mercado “se corrija solo”. No lo va a hacer. Cada semana que pasa sin reglas claras es una semana más donde alguien está fabricando una versión falsa de ti a costo cero.
La pregunta que dejó Hill en su columna no es nueva, pero se está volviendo urgente: si la IA puede escribir tu biografía sin que lo sepas, ¿qué no puede escribir sobre ti sin que lo sepas? La respuesta corta es: cada vez menos cosas. Y eso,para mí,deja de ser un problema tecnológico y pasa a ser un problema político.
Fuente de inspiración: I Got Slopped: AI-generated unauthorized biographies flood Amazon