
La novedad no es que te espíen, es quién te espía ahora
Llevamos años normalizando que Meta y Google instalen píxeles de tracking en media internet. Sabemos que si agregas un producto a un carrito, probablemente Zuckerberg se entere. Lo que publicó esta semana un investigador de threat intelligence es que OpenAI ya juega el mismo partido: una cookie llamada __obi, que conecta tu cuenta de ChatGPT con tu navegación en sitios web comerciales cualquiera.
Cómo funciona la cosa
El mecanismo es simple de contar. Cuando abres ChatGPT, el backend genera un identificador firmado con un JWT que expira en 60 segundos y que vincula tu cuenta con un identificador nuevo (obi). Ese valor se guarda como cookie en bzr.openai.com con dominio .openai.com, vigencia de un año y, ojo con esto, SameSite=None, la única configuración que permite que la cookie viaje en requests cross-site. Cualquier otra cookie de OpenAI que tengas en el navegador queda bloqueada en contextos cross-site; __obi es la única que pasó todas las veces.
La segunda parte: las empresas que compran publicidad en ChatGPT instalan el SDK de OpenAI en sus propios sitios, igual que instalan el píxel de Meta. Y ahí ocurre lo quirúrgico: basta con que el navegador cargue el script para que la cookie salga hacia OpenAI. Ni siquiera hace falta que el código haga nada; el tag del script ya lleva la cookie pegada en la carga. El investigador replicó todo en su propio teléfono y revisó meses de tráfico: 936 píxeles de anunciantes distintos, incluidos nombres tan inocentes como una tienda de mascotas, una plataforma de cursos y una de eventos.
Lo que viaja junto a la cookie
Esto es lo que a mí me parece más grave. El SDK no manda solo la cookie: también raspa la página donde estás. Lee campos de formularios, texto renderizado y el bus del tag manager de la empresa. En el tráfico observado, la identidad rascada por el SDK superó a la que el anunciante entregó a propósito: 685 eventos contra 255. El campo más cosechado fue el código postal. Emails, teléfonos y nombres van hasheados con SHA-256; país, región y ciudad van en claro. Y en las URLs que llegaron al collector aparecieron, tal cual, una página con una condición médica, un embudo de deudas y un formulario de demanda legal. Todo conectable a una cuenta de ChatGPT.
¿Y si no tienes cuenta? También te siguen: el identificador anónimo resultó tan estable como el de cuenta, persistiendo más de 27 días por dispositivo. La política de cookies de OpenAI lo lista discretamente como cookie «analítica».
Mi lectura
Yo administro infraestructura y una de las cosas que más me enseñó la pega es a desconfiar de la frase «esto lo maneja el navegador». SameSite=None no es un bug ni un descuido: es una decisión de producto. Alguien en OpenAI eligió que la cookie de la plataforma de anuncios (bzr viene de bazaar, su nombre interno) cruzara sitios. Y el truco de que el script filtre la cookie antes de que corra una línea de código es honesto a su manera: no están hackeando nada, están usando el navegador tal como está diseñado.
Lo irónico es que mucha gente migró de Google a ChatGPT buscando justamente menos publicidad invasiva. Resultado: el que te vende el chatbot también quiere saber qué compraste en la tienda del perro. Si te importa tu privacidad, revisa qué cookies de terceros tienes bloqueadas (un bloqueador serio o un navegador con partición de cookies mata esto de raíz), y piénsalo dos veces antes de dejar sesiones de ChatGPT abiertas en el navegador donde compras. El tracking ya no viene solo de las redes sociales; ahora viene del asistente con el que conversas.
Fuente: ChatGPT now knows what you do on other websites via ad collector, de Buchodi’s Threat Intel.
Fuente de inspiración: ChatGPT now knows what you do on other websites via ad collector