
Hay misterios en criptografía que duraron más que varios países del mapa. Uno de los mejores era este: ¿de dónde salieron las semillas de las curvas elípticas que NIST estandarizó el año 2000 en el FIPS 186-2?
El contexto para quien no anda en la materia: ECDSA es el estándar de firmas digitales sobre curvas elípticas más usado del planeta. Está en tu navegador, en tu VPN, en el SSH del VPS donde tienes tus cosas, en la firma de actualizaciones de firmware. Sus parámetros incluyen una «semilla» cuyo hash define coeficientes de la curva. Y el detalle incómodo es que esas semillas las entregó la NSA, sin explicación ni justificación. La curva P-256, por ejemplo, traía una semilla de 20 bytes que apareció de la nada. Un misterio de 25 años, con hasta un bounty público para quien lo resolviera.
La teoría más popular la había contado el propio Jerry Solinas, el agente de la NSA que las generó: decía que eran el hash de una frase chistosa, algo así como «denle un aumento a Bob y Jerry». El problema: murió en 2023, nadie más recordaba los detalles, no quedaban archivos. La pista llevaba años muerta.
Entra Claude, sale lrand48
En octubre de 2026, un empleado curioso de Anthropic le preguntó a Claude si podía descifrar el origen de las semillas sin ninguna pista previa. En menos de media hora lo resolvió. Y la respuesta no era un hash, ni mucho menos una frase jocosa: las semillas de P-192, P-224, P-256, P-384 y P-521 son la salida del lrand48, el generador pseudoaleatorio de la librería C de los años 90, inicializado con un timestamp Unix.
Cómo lo encontró es lo que lo hace bacán. No fue fuerza bruta a lo loco. Claude razonó como un ingeniero de los 90: «si yo tuviera que generar estos parámetros, usaría el PRNG que ya tengo a mano». Buscó en las semillas la firma de esos generadores viejos, débiles y reconocibles. Notó algo rarito: en varios seeds, los bits superiores eran todos cero, algo que por azar pasa una vez cada 5.810 veces. Esa huella corresponde a lrand48, que devuelve solo 31 de los 48 bits de su estado interno. Después recuperó el estado completo, lo hizo retroceder hasta la inicialización de srand48, y los timestamps cayeron en su lugar: fechas entre mayo de 1997 y abril de 1998. Con las fechas dándoles sentido histórico y la reconstrucción bit a bit, el misterio quedó resuelto: 160 bits coincidiendo por una semilla de 32, eso no pasa por casualidad.
La ironía: el «backdoor» era una mala gestión
Hay una parte de esta historia que me gusta caleta: durante años se sospechó que esas semillas escondían un backdoor. Después de todo, fue la NSA de la era de las cartas cifradas, la misma época de los escándalos de cifrado «débilitado». El resultado real es más mundano y más aleccionador: las curvas están bien. Las semillas salieron de un generador de números aleatorios básico y un reloj. El problema nunca fue envenenamiento de parámetros, sino transparencia: nadie documentó de dónde salían. Y ese vacío de información generó 25 años de desconfianza razonable.
Lo mismo aplica a la pregunta más incómoda que sigue abierta: no todas las curvas viables del proceso fueron usadas. Para P-256, por ejemplo, el seed publicado era el candidato 1.842 del run, pero el 876 también daba una curva de orden primo válida. No se sabe por qué se descartaron las demás, y eso mantiene abierta una pregunta de proceso: si vas a estandarizar parámetros, documenta el cómo, o el mundo entero te va a sospechar (con razón).
Opinión: una demo de fuerza, no de cripto
Si eres de los que ve esto y piensa «la IA rompió la criptografía», no. Ahí están los dos lados de la moneda. Lo que la IA de hoy ya hace es lo que a los humanos se nos ha negado durante décadas: sostener una investigación profunda durante horas. La pista era vieja y estaba quemada: la frase jocosa no daba nada, el experto principal falleció, no había archivos. Claude cambió el enfoque, razonó sobre cómo se habría construido el software generador, y llegó por ahí. No rompió nada, tampoco rompió las curvas. Usó el mismo pensamiento lateral que cualquier buen ingeniero, pero sin fatiga, sin frustración y sin morirse antes.
Para los que vivimos administrando servidores: el estándar de firmas que protege tu SSH y tu HTTPS quedó más confiable hoy que ayer, no lo contrario. Pero también quedó claro que los misterios criptográficos de 25 años ya no son seguros frente a un modelo que puede barrer 34 combinaciones de PRNG contra 10 semillas en minutos. Como diría cualquier experto en seguridad con años de pega: «cuando el enemigo ya no se cansa, la seguridad por oscuridad ya no aplica». Nada más que agregar, po.
Fuente del tema: Claude reveals ECDSA curve origins, Anthropic.
Fuente de inspiración: Claude reveals ECDSA curve origins — Anthropic