
Hace un tiempo me reía cuando leía que la IA iba a reemplazar a los programadores. Hoy no me río tanto. Un estudio reciente publicado en Nature muestra algo más preocupante: no es que la IA nos quite la pega, es que nos está dejando peores en lo que hacemos.
Los médicos ya lo están sintiendo
Un grupo de endoscopistas polacos, todos con más de 2.000 colonoscopias hechas, empezaron a usar una herramienta de IA que detectaba pólipos precancerosos en tiempo real. La cosa funcionaba bacán… hasta que un día la IA no estaba disponible. Resultado: su tasa de detección cayó del 28,4% al 22,4%. Esos weones perdieron habilidad. No porque enfermaran, sino porque el cerebro se había acostumbrado a que otro hiciera la pega.
Y no son los únicos. Una encuesta de Wolters Kluwer mostró que el 77% de los médicos y el 70% de las enfermeras en EE.UU. están preocupados por perder sus capacidades por culpa de la IA. Eso es mucho más gente de la que creía.
¿Y nosotros, los ingenieros?
Anthropic hizo un experimento controlado con 52 ingenieros de software. La mitad usaba asistente de IA, la otra mitad no. Los resultados apuntan a lo mismo: cuando te acostumbras a que el código te lo escriba otro, tus propias habilidades se oxidan. No es opinión, son datos.
Yo mismo lo he sentido. Cuando empecé a usar Copilot para todo, me di cuenta que tardaba más en resolver problemas simples cuando no lo tenía a mano. Era como si mi cerebro dijera «ya, déjamelo a mí» y se fuera a dormir. Cachai esa sensación?
El problema no es la IA, es cómo la usamos
La IA es una herramienta increíble. Pero acá está el tema: cuando externalizamos el pensamiento, el cerebro deja de ejercitarlo. Es como si usaras auto todo el día y de repente tuvieras que correr una maratón. Las piernas no responden.
Los investigadores lo llaman «deskilling» o pérdida de habilidades. Y lo más preocupante: no existe una solución establecida todavía. Es un tema que va a explotar en la próxima década.
¿Qué hacemos entonces?
Mi opinión personal: hay que usar la IA como compañero, no como reemplazo. Si le pedís que te escriba una función, después analizala. Entendela. No la copies y pegues como si fuera un botón de microondas. La pega de ingeniero no es escribir código rápido, es resolver problemas complejos. Y eso requiere que el cerebro siga entrenado.
Yo ahora tengo una regla: una hora al día sin asistentes de IA. Solo yo, el editor de texto, y la documentación. Al principio era frustrante, pero ahora me siento más filo. Cacho que no es la solución definitiva, pero al menos me mantiene alerta.
La IA no se va. Va a estar en todos lados. Pero si no cuidamos nuestras habilidades, terminaremos siendo operadores de máquinas que alguna vez supimos dominar. Y eso, po, es más triste que perder la pega.
Fuente de inspiración: Is AI ruining our skills? Early results are in and they’re not good
