El desarrollo de software público suele estar bajo la lupa, pero pocos casos ilustran mejor los riesgos de la desconexión entre tecnología y necesidades ciudadanas como la reciente aplicación infoDANA Recuperación, implementada tras las lluvias torrenciales en Valencia. Si administras infraestructuras críticas o lideras proyectos digitales en el sector público o privado, este ejemplo no es ajeno: cuando una app que costó más de 277 mil euros solo consigue un puñado de descargas, queda claro que aquí no estamos hablando simplemente de mala ejecución sino de mal enfoque tecnológico. Esto implica costos reales para la ciudadanía y brechas de confianza que, en nuestro propio contexto latinoamericano, pueden resultar especialmente nocivas.
El costo de ignorar estándares abiertos y accesibilidad
En ambientes donde la interoperabilidad y la transparencia son clave, el software cerrado representa siempre un talón de Aquiles. InfoDANA hizo justamente esto: excluyó el código abierto y, con ello, saboteó la posibilidad de auditoría técnica comunitaria y de soluciones colaborativas. Este no es un detalle menor; en Chile, la presión por la probidad pública demanda cada vez más soluciones auditables. Al mantenerse como una caja negra, la app pone en entredicho tanto la seguridad como la confianza, ya que los usuarios y especialistas quedan atados de manos para detectar vulnerabilidades, backdoors o simplemente optimizar la aplicación frente a un contexto cambiante.
El incumplimiento de los criterios de accesibilidad WCAG tampoco es una simple falla estética. Para personas mayores, con movilidad reducida o en zonas rurales con mala conectividad – contextos a los que cualquiera de nuestras propias emergencias podría asimilarse –, esto marca la diferencia entre estar informados o ser invisibilizados. Es lo mismo que ocurre cuando un sitio gubernamental omite el acceso desde dispositivos móviles, bloqueando el canal principal por el cual la población chilena accede a Internet. La usabilidad y la accesibilidad no son lujos, son requisitos críticos para que la tecnología pública cumpla su función.
Arquitectura y ciclo de vida: el error de sobredimensionar y no iterar
Muchas veces, los proyectos tecnológicos de alto presupuesto pecan de optimismo arquitectónico: tecnologías “de moda” para tareas que no lo requieren terminan inflando tanto el costo como la complejidad del mantenimiento. InfoDANA, siendo una aplicación informativa, debió haber priorizado una arquitectura simple y robusta, capaz de evolucionar con el feedback real de los usuarios. En vez de eso, su rápido abandono demuestra por qué en TI mantener el ciclo de vida del software – planificar mejoras, parches y actualizaciones – debería ser una práctica básica, no una excepción.
Esto me recuerda lo que ocurre en organizaciones que despliegan plataformas sin documentar procedimientos de actualización o sin contemplar el recambio tecnológico: la consecuencia no es solo obsolescencia técnica, sino una brecha de seguridad inevitable. Cuando el software público es gestionado bajo paradigmas cerrados y sin rutas claras de mejora, el resultado es exactamente este tipo de fiasco.
Hoja de ruta: recomendaciones para evitar el despilfarro en software público
La experiencia de infoDANA evidencia por qué deberíamos adoptar estándares internacionales – desde el modelo open source hasta las guías de accesibilidad y seguridad por diseño – como piso mínimo, no como sesgo ideológico. En cualquier implementacion future de aplicaciones gubernamentales en Chile o Latinoamérica, la recomendación es definir una ventana recurrente de mantenimiento en el cronograma, de modo que cualquier parche de seguridad sea aplicado antes de que las amenazas sean de dominio público.
Además, urge establecer una política de código abierto por defecto, permitiendo auditorías externas y habilitando contribuciones del ecosistema local de desarrolladores. En paralelo, las pruebas de accesibilidad no pueden limitarse a un checklist sino llevarse a pilotaje real con usuarios de distintos perfiles tecnológicos. Finalmente, para proyectos con ámbitos informativos, lo sensato es partir con plataformas web progresivas (PWA) antes de saltar a apps nativas, privilegiando la llegada rápida y la reducción de costos asociados a equipos fragmentados.
El futuro del software público depende de la comunidad técnica
Cada peso – o euro – mal invertido en tecnología ineficaz es una oportunidad perdida para avanzar en confianza digital y resiliencia cívica. Los ejemplos recientes en Europa anticipan desafíos que inevitablemente enfrentarán nuestros propios sistemas, en particular cuando la presión pública demande transparencia y eficiencia. La única manera de evitar tropezar con las mismas piedras es empujar desde el sector técnico hacia prácticas abiertas, ciclo de vida planificado y usabilidad real, antes que los errores se cobren nuevas facturas. En un entorno de recursos limitados, la responsabilidad recae sobre quienes tomamos decisiones detrás de los servidores: o reconstruimos la confianza a través de estándares, o la seguimos perdiendo, usuario a usuario.

